‘Celdas’ contra el frío


Un persona ‘sin techo’ da de comer a las palomas en Bruselas. FRANCOIS LENOIR REUTERS

Ante la caída de las temperaturas, varias ciudades belgas ordenan a la Policía arrestar a los sin techo que se resistan a buscar albergue por las noches

Las ONG denuncian la “hipocresía política” y que no hay datos de “mortalidad en la calle por causas metereológicas”

PABLO R. SUANZES

En las sociedades abiertas las batallas sobre los límites de la libertad individual se han librado habitualmente en y por la brumosa línea roja en la que los derechos de unos y otros colisionan. Por dónde está el tope para la ofensa, la intromisión en privacidad, el honor, la propiedad privada. Si existe el derecho a fumar o beber cuando supone un riesgo para la salud de los demás. En cuestiones más abstractas que concretas. Bélgica ha ido un paso más allá. Desde esta semana, en algunas de sus ciudades la libertad de movimiento, de elegir dónde y cómo pasar la noche depende simplemente de una temperatura: -10 grados centígrados.

Vincent De Wolf, 59 años, liberal, ‘burgomaestre’ de Etterbeek, una de las 19 comunas en las que está dividida la ciudad de Bruselas, lo tiene muy claro: “Sabemos que una temperatura de 10 bajo cero supone un riesgo de muerte para los sin techo, por eso es inaceptable e inhumano dejar que alguna persona duerma fuera. Es mi deber protegerlas inclusa contra su propia voluntad”. Por eso el domingo anunció una medida inédita que ha generado una enorme discusión y que rápidamente ha llevado a los alcaldes de otras localidades, como Verviers, Namur, Lieja o Charleroi a imitarle. La Policía tiene instrucciones tajantes para detener y encerrar a quienes vivan en la calle y se nieguen a ir a dormir a un albergue.

Las personas sin domicilio fijo, según la terminología local, no podrán estar en la calle entre las 20.00 de la tarde y las 07.00 de la mañana, por lo menos hasta el próximo 8 de marzo. Una toque de queda en nombre de la salud que se aplica por las buenas o por las malas. “Las personas sin hogar que permanezcan fuera con esas temperaturas se arriesgan a caer en un estado de hipotermia y de morir de frío. La ordenanza municipal permite a la Policía, en caso de absoluta necesidad, proteger a los que se ponen en peligro. Por eso, todas y cada una de las personas deberán ser conducidas a una sala equipada, con calefacción y bebidas calientes”, explica De Wolf a EL MUNDO. Y con vigilancia para que no se vayan.

Las ciudades están divididas entre quienes aplauden la decisión por motivos humanitarios y quienes la critican como ejemplo claro de demagogia, oportunismo político y de seguir impulsos sin tener en cuenta los datos, la opinión de los expertos y, sobre todo, la voluntad de los afectados.

Las autoridades belgas siempre han sido sensibles a las temperaturas. En un país en el que se bromea diciendo que el día favorito del año es el verano, los gobiernos locales y los medios de comunicación pierden la cabeza con la llegada de la “canícula”, unos pocas jornadas con temperaturas en torno a los 30 grados. El pasado 28 de mayo, la comuna de Bruselas activó el Plan Canícula por temperaturas de 28 grados. Díez días antes, el Samusocial había puesto en marcha el suyo para los sin techo, mediante el que equipos móviles recorren las calles y parques distribuyendo botellas de agua y una mapa con las fuentes públicas más cercanas.

Lo mismo se hace en invierno, pero esta semana la ola de frío polar que afecta a toda Europa ha golpeado con fuerza Bélgica. Las temperaturas en Bruselas, a pesar de que estos primeros días ha lucido algo de sol, descienden por la noche con sensaciones térmicas de hasta -15 grados y en la zona de las Ardenas la alerta es total ante los -20. Y los alcaldes no quieren sustos a pocos meses de unos comicios.

“Organicé una reunión de emergencia el sábado para buscar soluciones. En Bélgica los alcaldes estamos obligados a garantizar la seguridad, la tranquilidad la y salud de los ciudadanos, y a dar asistencia a todos los que están en peligro”, señala el burgomaestre De Wolf. Está convencido de lo necesario de la “decisión inédita” satisfecho con el resultado y más que encantado con la publicidad. Explica que los primeros días tuvieron que negociar largamente con la comunidad gitana, una de las más numerosas en las calles de su comuna, pero dice orgulloso que “entendieron y aceptaron voluntariamente” su propuesta “Esas personas pasaron la noche del domingo en el centro. De lunes a martes, 10 personas durmieron en las instalaciones preparadas. Sin dificultad, no hubo tampoco necesidad de una detención”, presume.

El frío no es una novedad, pero la alarma generada ha provocado momentos de tensión. Las empresas que suministran gasoil para las calefacciones están desbordadas. Rechazan las peticiones desesperadas de recarga y emplazan hasta cuatro o cinco días después. “Llamé y se burlaron í. Les dije que venían mis nietos el fin de semana, y es verdad, pero respondieron que parece que estos días toda Bélgica tiene a bebés, ancianos y enfermos en casa”, explica María, una residente en la capital con problemas en la caldera que les han obligado a dormir con mantas eléctricas.

La queja de las ONG, sin embargo, es que hay mucho politiqueo, mucho postureo, pero poca reflexión tras las propuestas. “Ha sido excesivo y desproporcionado, no tiene en cuenta la cuestión fundamental de si la libertad de cada persona puede y debe ser limitada”, lamenta Murat Karacaoglu, director del albergue Pierre d’Angle, a pocos minutos de la Gare du Midi y con décadas de experiencia con los sin techo.

Su organización, como otras, ha denunciado que este tipo de intervención arbitraria, involucrando a la Policía, hace que las personas sin hogar pierdan la confianza en los trabajadores sociales. “Alguien, sin conocer el caso, les obliga a dejar su zona, sus pertenencias, y a dormir. Ellos saben perfectamente cuándo no pueden estar en la calle”, indican desde la organización bruselense. “Hay una gruesa capa de hipocresía bajo este campaña política “, lamenta la Liga de los Derechos Humanos, que ve “un retroceso de 20 años” y un primer paso hacia la “criminalización” de los vagabundos.

Florence Servais, del colectivo ‘Muertos de la calle’, es más contundente. “Las estadísticas no muestran que haya un pico de mortalidad en invierno”. La ONG explica que desde su nacimiento en 2004 no tienen constancia de “fallecimientos por las condiciones metereológicas” en Bruselas, ni “por frío ni por calor”. La vida “es dura siempre en la calle”, y se ha triplicado en una década el número de fallecimiento, desde 25 a 72 en 2016, pero por todo tipo de causas y distribuidas por todo el año.

Preguntado por si hace política de algo así y las críticas, De Wolf responde airado: “No es verdad. Una asociación es favorable, otra a priori no pero al ver el tipo de alojamiento está de acuerdo. Mi iniciativa es única, nadie lo había hecho, y me han imitado. no es verdad que nadie muera de frío, una persona falleció en la escalera delante de mi ayuntamiento. Y tres personas en Francia este año. Es un riesgo que no voy a correr”, zanja. Ni el de no ser reelegido, podría añadir.

Fuente : ‘Celdas’ contra el frío en las calles belgas https://t.co/dnU6uE1FJ5

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