El primer transgénero se alista en el Ejército de EE UU tras la suspensión del veto de Trump

El Gobierno debe decidir ahora si los que ya están en servicio pueden continuar

AMANDA MARS
Washington


El jefe del Pentágono, James Mattis, en un acto del pasado 15 de febrero. JOHN THYS AFP

La comunidad LGTB está ganado el pulso a Donald Trump en el Ejército. Un recluta abiertamente transgénero se ha alistado por primera vez en Estados Unidos después de que el pasado diciembre un juez tumbara el veto que había impuesto el presidente. La Administración de Barack Obama  aprobó en 2016 que los transgénero podían continuar en servicio una vez empezasen su transición y, además, fijó para 2017 la posibilidad de que pudieran ingresar siendo ya transgénero. Trump lo bloqueó el pasado verano pero los tribunales le han quitado la razón. Ahora, la Casa Blanca debe decidir su política para los transgénero que ya están en el Ejército. El secretario de Defensa, Jim Mattis, le ha recomendado que no los expulse, según la prensa estadounidense.

Un portavoz del Pentágono confirmó este lunes la información avanzada por la cadena CNN sobre la incorporación a filas del primer transgénero, de quien no ha transcendido el género ni ningún otro dato personal por motivos de privacidad. La persona ha cumplido todos lo requisitos para servir y ha firmado el contrato aunque aún no ha comenzado su entrenamiento.

Este es el tipo de noticia que estaba prevista para el pasado verano, pero en julio Trump decidió anular la directiva de Obama por la cual los transgénero iban a poder alistarse en el Ejército ya como tal desde esas mismas fechas.

Además, el republicano puso en cuestión la continuidad de los que estaban sirviendo porque llevaron a cambio su transición cuando ya eran militares (hay unos 13.000 en esta situación, según algunos estuidios, el 1% del total).

La medida se enmarcó en el giro conservador que se ha producido en las políticas sociales bajo la Administración de Trump. A los aspirantes a militar la justicia ya les dio un respiro antes de acabar 2017. El 11 de diciembre una juez federal en Washington DC, Colleen Kollar-Kotelly, ordenó a las Fuerzas Armadas aceptar las solicitudes de ingreso de personas transgénero a partir del 1 de enero. La juez ya había fallado en octubre, en una sentencia preliminar, que la prohibición podía violar el principio de igualdad bajo la Constitución. La Administración de Trump quería mantener el veto en vigor mientras recurría el fallo en los tribunales de apelación, pero la magistrada lo denegó.  

Mientras batalla en los tribunales, el presidente también debe decidir su política sobre los transgeénero que forman parte del Ejército. El Departamento de Defensa le entregó la semana pasada un documentos de recomendaciones en el que, según la prensa estadounidense, aconseja la permanencia de estos militares, a quienes han defendido otros republicanos como el senador John McCain, excandidato presidencial y héroe de guerra. “Estamos esperando a que el presidente tome una decisión básandose en las recomendaciones del Departamento de Defensa”, dijo otro portavoz del Pentágono este lunes.

Trump justificó su veto a los trangénero, el retorno a la época aún más oscura que la del Don’t ask, don’t tell (en español, ‘no preguntes, no cuentes’, en referencia a que los homosexuales podían convertirse en militares si estaban en el armario), con el argumento de que su tratamiento acarreaba costes médicos excesivos. Sin embargo, los informes independientes encargados en la época en la que Obama aprobó su norma para dejar de discriminarlos señalaban que el gasto era irrisorio para el Ejército.

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