Ocho orejas en una olla: el caso de canibalismo que aterra a Sudáfrica

La policía ya detuvo a cinco personas vinculadas a una red de asesinatos. Creen que organizaban rituales para atraer dinero, poder y protección.

“Estoy cansado de comer carne humana”. Esas fueron las palabras de un curandero de la aldea de Shayamoya, al este de Sudáfrica, arrepentido por haber sido cómplice de un violento asesinato, para luego hacer pócimas con los restos y entregarlas en rituales. Tras su confesión, la policía encontró en su choza -que funcionaba como punto de encuentro de sus prácticas- ocho orejas humanas en una olla.

Los investigadores creen que se trata de una red de canibalismo que estremece a la pequeña aldea. Hasta el momento, detuvieron a cinco personas. La declaración del curandero fue crucial para acomodar las piezas de un entramado sangriento que atemoriza, en especial, a la familia de Zanele Hlatswayo, una joven de 25 años que fue encontrada decapitada en estado de descomposición, sin las piernas ni una de las manos.


El cuerpo de Zanele Hlatshwayo fue encontrado enterrado debajo de estas piedras.

Al principio, los investigadores no podían creer que esto fuera cierto. Pero el curandero, apodado Mkhonyovu, decidió ir más allá de su confesión y les entregó una mano y un pie ensangrentado como evidencia. Junto con las orejas que encontraron luego en su casa, la policía corroboró que la espeluznante historia era real. Según el arrepentido, las extremidades humanas eran cocinadas y servidas a sus clientes, que se acercaban a su choza para participar en rituales. Parte de su premisa, es que los órganos tienen propiedades mágicas y que atraen dinero, poder y protección.

El caso de Hlatshwayo sería uno de los tantos crímenes cometidos por esta red. Mkhonyovu relató que les había ofrecido a sus clientes el corazón y el hígado de la joven. “Sólo podemos imaginar cómo suplicó por su vida, tuvo una muerte extremadamente dolorosa”, expresó su hermana mayor, Nozipho Ntelele. En el allanamiento, los agentes también encontraron prendas de ropa, que fueron identificadas por su familia.


En un testimonio para la BBC,Nozipho Ntelele -en la chaqueta blanca- aseguró que la muerte de Hlatshwayo había sido brutal.

“Los asesinatos rituales y el uso de tejido humano no son parte de nuestro trabajo. Como curanderos tradicionales, esto nos indigna, porque tenemos que defender constantemente nuestro trabajo honesto”, manifestó Phepsile Maseko, de la Organización de Curanderos Tradicionales de Sudáfrica. En una entrevista a un medio local, calificó a Mkhonyovu como un “impostor que sólo quería enriquecerse”.

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